Hoy nuestra única guerra es contra la pobreza

Bienvenidos a CONTexto, un nuevo canal de comunicación que hemos dispuesto para que socios, amigos, colegas, participantes de nuestros programas y en general todos los colombianos puedan reflexionar sobre tres temas determinantes para nuestro desarrollo: La superación de la pobreza, la inclusión social y la reconciliación, a través de un ejercicio de análisis, reflexión, conocimiento y por qué no, de debate constructivo.
Y para promover la participación y dar el primer paso, he elaborado la primera reflexión de este boletín, haciendo referencia a la lucha contra la pobreza, tema que debe obsesionarnos a todos.
14 de julio de 2017
Logramos sentarnos en una mesa de negociación con la guerrilla más antigua del continente, llegar a un acuerdo general en una mesa de negociaciones para la terminación del conflicto, concretar unas zonas veredales para que los excombatientes de las FARC hicieran su tránsito a la vida civil y, como si fuera poco, logramos que este grupo entregara las armas que por años silenciaron las voces, las ideas, la diferencia y que sobre todo, nos impidieron reconocer cuáles son los problemas que como sociedad debemos combatir.
Hoy después, de este arduo recorrido podemos decir con certeza que la única guerra que debemos librar es contra la pobreza y que nuestro norte como ciudadanos, servidores públicos, empresarios, madres, padres, amigos, es trabajar por un país que propenda por la inclusión social y la reconciliación.
En EL DPS sabemos que hemos alcanzado grandes logros en ese sentido pues más de 5 millones de personas han salido de la pobreza multidimensional en los últimos 4 años y solo el año pasado más de 1 millón de personas superaron esta condición. Pero no podemos olvidar que aún 8 millones de colombianos siguen siendo pobres multidimensionales y, el hecho de que una sola persona esté en condición de pobreza, es razón suficiente para seguir trabajando.
Hoy podemos ver con claridad que una persona que nace en el campo tiene una probabilidad 2,8 veces mayor de ser pobre, en comparación con una que nace en la ciudad. Además, si hiciéramos el ejercicio de superponer el mapa de las poblaciones más pobres de Colombia y el de las zonas donde se ha vivido de manera más directa el conflicto, se podría evidenciar una coincidencia casi exacta de territorios. Por ello, seguiremos llegando decididamente a estos territorios para llevar la oferta social del estado y dejar una huella de desarrollo y progreso, así como para subsanar la brecha urbana-rural que tiene el país.
Esta etapa de posconflicto abrirá la puerta para que la calidad de vida de las personas que son objeto de intervención del sector de la Inclusión Social y la Reconciliación de Colombia, es decir, de la población vulnerable y víctima, cambie y mejore.
Pero también evidencia que es necesaria la integración de esfuerzos, en tanto es una oportunidad de interacción y de fortalecimiento de los lazos de todos los actores de la sociedad civil para superar una deuda pendiente CON NUESTRO PAÍS.
Margarita Palomo. Directora General (e) Prosperidad Social.
Junio 27 de 2018.
Colombia cambió para siempre. Las cifras y los hechos recientes demuestran que el país tomó un rumbo diferente y que hoy son más las oportunidades que existen para generar equidad y contribuir en el desarrollo de la población vulnerable. Iniciamos en 2010 un camino hacia la prosperidad que, después de tantos esfuerzos, ya no tiene vuelta atrás porque da cuenta de resultados inéditos: más de 5,4 millones de colombianos superaron la pobreza multidimensional y hoy sus vidas tienen un nuevo amanecer.
Si hay que marcar un punto cero, este estaría dado por la promulgación de la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras que le dio vida al Sector de la Inclusión Social y la Reconciliación y al Departamento Administrativo para la Prosperidad Social. La tranformación trajo consigo la integración de cinco temáticas clave para acercanos más a la superación de pobreza: salud, vivienda, educación, trabajo y protección a la niñez, dimensiones que en el marco de un proceso de reingeniería institucional, implicaron el rediseño de la medición de pobreza y por ende, una comprensión más amplia para que pudiéramos trascender en el entendimiento de la misma, más allá de factores netamente monetarios.
Fue así como desde 2011, se adoptó la implementación del Índice de Pobreza Mutidimensional -IPM- que permite medir las diversas privaciones que impiden el desarrollo de las personas y las familias para poder así enfrentar los determinantes de la pobreza desde todos los flancos posibles y con acciones mejor focalizadas; el Gobierno asumió entonces un enfoque que reconoce a los ciudadanos como sujetos de derecho, trascendiendo de la medida economicista de la libertad, para contemplar los factores sociales, culturales y políticos que constituyen las trampas de la pobreza.
La trasformación institucional trajo consigo resultados determinantes. Se promulgó la Ley Unidos, estrategia que garantiza el acompañamiento familiar y comunitario de más de un millón de familias en pobreza extrema y que, desde 2016, adoptó un modelo diferencial que considera de manera estricta las realidades urbanas y rurales y las características de los territorios étnicos.
Por otro lado, el programa Más Familias en Acción se convirtió también en Ley de la República, lo cual le brindó estabilidad y continuidad a este programa que hoy llega a 2.5 millones de familias, apoyándolas con un incentivo económico para la salud y la educación de niños y adolescentes, esa educación que en palabras de Nelson Mandela “es el arma más poderosa que se puede usar para cambiar el mundo”, por eso también durante este Gobierno, se creó el programa Jóvenes en Acción que le da continuidad al proceso educativo de esta población para que puedan sacar adelante carreras técnicas, tecnológicas y profesionales. Más de 431.000 jóvenes vulnerables han recibido incentivos económicos para estudios superiores y hoy dan testimonio de cómo sus vidas cambiaron para siempre.
El esquema de trabajo para fomentar la inclusión productiva se transformó para que los más vulnerables salieran adelante, hicieran empresa, fortalecieran sus capacidades y generaran sus propios sistemas de encadenamientos productivos sostenibles; hoy más de 1 millón de colombianos dan cuenta del resultado de las acciones que buscaron su generación de ingresos, a través de múltiples posibilidades para volver a creer en ellos mismos como agentes de cambio y gestores de su propio desarrollo.
Del esfuerzo colectivo dan cuenta también obras de infraestructura social que incidieron en las necesidades de los grupos más vulnerables del país en materia de entornos saludables, seguros y dignos. Desde 2010, el Departameno para la Prosperidad Social ha gestionado 3.750 proyectos de este tipo con una inversión que ha superado los 4,25 billones de pesos y se ve reflejada en el bienestar de 943 municipios en 30 departamentos, esto representa más del 84% del territorio nacional.
Pocos países de la región han sufrido tanto como este. Pero una vez hubo rumbo claro, enfocado en un verdadero cambio social, los avances hacia el puerto de destino han sido significativos. Pasamos de tener un índice de pobreza del 40% a un 28%. La guerra contra la guerrilla más antigua del continente terminó y en los territorios en los que antes se peleaba una guerra militar, hoy se despliega un ejército social que libra una batalla en contra de la pobreza. Falta camino por recorrer, claro. Que siga existiendo un 28% de la población en condición de pobreza significa que se debe mantener el esfuerzo y que cada familia que supera barreras hace la diferencia. Pero para todo lo que viene, en cualquier caso, las transformaciones institucionales, las prioridades que ponen énfasis en lo social y la solidez programática están sentadas.